Hay que pensar en el día de mañana

A más de un mes de haberse proclamado el estado de emergencia que nos mantiene en distanciamiento físico, se acerca el momento de comenzar a evaluar cómo y cuándo podremos ir retomando la normalidad de nuestra sociedad.

No escatimamos el valor que tiene el reclamo del gobierno para mantenernos en casa como una medida preventiva para evitar elevar la curva del contagio del virus letal que nos acecha. Por el contrario, reconocemos y apoyamos la determinación acertada de la gobernadora al tomar medidas preventivas a tiempo y con prudencia.

Sin embargo, el aislamiento físico no puede asumirse como una camisa de fuerza que nos impida contemplar cómo podemos conjugar las medidas de protección de salud, que son necesarias, con alternativas que viabilicen el reinicio de ciertas actividades económicas.

Tenemos que tener presente que, en la medida en que avanzan los días, se hace sentir la preocupación de amplios sectores de la población por las limitaciones económicas que comienzan a enfrentar. Es un hecho que nos obliga a pensar en la urgencia de actuar para evitar que esta crisis de salud pública termine lacerando más nuestra maltrecha situación económica, provocando una profundización de nuestra crisis social. Ahí está nuestro mayor desafío.

Ante eso, el sector privado ha dado un paso al frente presentando alternativas que nos llevan a establecer algunas vías por dónde iniciar el estado de recuperación hacia nuestra normalidad laboral a corto plazo, responsable y gradualmente, y tomando en consideración todas las medidas de seguridad.

La industria de la construcción podría ser el punto de partida para reactivar nuestra actividad económica, máxime si aprovechamos bien que, en este momento, la inmensa mayoría de nuestra ciudadanía aguarda en sus casas y podemos adelantar muchos proyectos de infraestructura que se han quedado pendientes.

Por ejemplo, hay millones de dólares federales asignados a proyectos de desarrollo y recuperación de viviendas, muchos de los que han quedado pendientes por terminar y otros por iniciar. Para eso están los fondos asignados bajo el programa CDBG-DR que son necesarios para garantizarle a nuestra población residencias seguras y resilientes.

Hay permisos de construcción por evaluar y endosos que se han quedado suspendidos en las agencias de gobierno. ¿Por qué no comenzar a adelantar esa tarea? ¿Qué lo impide?

De otra parte, la reparación de nuestras carreteras, así como la terminación de la construcción de nuevas vías y puentes, son tareas que se podrían comenzar de inmediato, justo cuando el tránsito vehicular de nuestras calles es limitado.

Lo mismo ocurre con la reparación de nuestras escuelas públicas, que hasta poco antes del decreto de esta emergencia discutíamos en el país la urgente necesidad de fortalecer sus estructuras luego de constatar que no están preparadas para resistir una actividad sísmica.

¿Qué impide que las carreteras y las escuelas puedan ponerse al día para que cuando regresemos a la normalidad hayamos superado algunos de los contratiempos que sufríamos?

No hay dudas de que, aún en la situación de emergencia que nos encontramos, podemos aprovechar bien este tiempo para ir preparándonos hacia retornar a una nueva normalidad, mientras encaminamos algunas actividades económicas.

Para cumplir con esto, además de la disposición gubernamental, el sector privado tiene que comprometerse con el cumplimiento más estricto de planes de seguridad para proteger a los trabajadores y sus familias. Eso es posible.

En Estados Unidos, el Departamento del Trabajo federal y la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, en inglés) han presentado las guías para ir retomando ciertas actividades económicas. Lo mismo ha hecho la Casa Blanca con la publicación recientemente de sus guías para reiniciar la economía.

Todas estas son normas que aplican a Puerto Rico y las que estamos obligados a seguir al pie de la letra para garantizar la salud y seguridad de nuestros trabajadores.

Ya es tiempo de planificar cómo vamos a encaminarnos hacia una nueva normalidad. Hay que pensar en el día de mañana, pero considerando siempre que el reabrir la economía no puede cancelar todos los esfuerzos y sacrificios que hemos tomado en estas últimas semanas con las prácticas de aislamiento físico desde nuestros hogares.

Sabemos que esta nueva normalidad no se logra de la noche a la mañana. Es una tarea que requiere mucha responsabilidad. Por eso, debemos comenzar a trazar esa ruta ya, todos juntos, gobierno y sector privado, todos aferrados a la esperanza de lograr un mejor país.


Columna escrita por Alfredo Martínez-Álvarez, Jr., presidente de la ACPR, y publicada en El Nuevo Día